mujer corriendo, símbolo del entrenamiento psicológico para alto rendimiento

Entrenamiento psicológico para el alto rendimiento: intervenciones de tercera generación

Entrenamiento psicológico para el alto rendimiento: intervenciones de tercera generación

¿Es efectivo el entrenamiento psicológico tradicional? ¿Existen formas más efectivas de intervenir sobre los procesos mentales para mejorar el rendimiento? ¿Qué son las intervenciones de 3ª generación?

El entrenamiento psicológico tradicional pretende enseñar al deportista a controlar sus pensamientos, sus emociones y sus sensaciones físicas, porque todo eso determinará sus conductas de rendimiento. Dicho entrenamiento ha seguido desde hace décadas un enfoque cognitivo-conductual (de 2ª generación)[1]. Sin embargo, a pesar de los muchos años que se viene utilizando este enfoque de control, la evidencia empírica no es lo suficientemente concluyente respecto a su eficacia.

Intentar controlar o suprimir los pensamientos y emociones no deseados puede tener un efecto paradójico, puesto que dicho control requiere de nuestra atención. La atención es el recurso más importante para el rendimiento, y cualquier cosa que la aleje de los estímulos relevantes para la tarea perjudicará el rendimiento. Así pues, intentar controlar experiencias internas negativas no es una solución, sino que se convierte en parte del problema.

Pero ¿qué hacemos con esos pensamientos sobre un error cometido, o pensamientos que anticipan una derrota? ¿Qué hacemos con las emociones que inevitablemente aparecen en algunas competiciones (rabia, ira, frustración…)? ¿Qué hacemos con la ansiedad o con el exceso de activación fisiológica? ¿Hay otras formas de intervenir para no permitir que nos jueguen malas pasadas?

Desde las intervenciones de tercera generación se defiende que los pensamientos, emociones o sensaciones físicas que pueden surgir durante una competición son estados que ocurren naturalmente. El rendimiento depende del grado en que el deportista pueda aceptar dichos estados y permanecer atencional y conductualmente implicado en la tarea que está ejecutando. Los ingredientes clave de estas intervenciones son la atención plena en la tarea (mindfulness), la aceptación y el compromiso con unos valores que guíen las conductas de esfuerzo, persistencia y superación.

Al contrario de lo que sucede con el control de nuestras experiencias internas, la aceptación de una experiencia (un fracaso, un pensamiento, o una emoción negativa) no nos resta atención y nos permite dejar ir dicha experiencia y focalizar rápidamente en los estímulos relevantes. La atención plena (mindfulness) en la tarea está relacionada con el ajuste del nivel de activación necesario. Y mantener el compromiso de dar lo mejor de nosotros mismos cada minuto de competición, de esforzarnos al máximo, de no rendirnos… nos hace más resistentes frente a cualquier error.



Durante la última década, ha tenido lugar un crecimiento exponencial del número investigaciones sobre el efecto de estas intervenciones (basadas en mindfulness, aceptación y compromiso) sobre el rendimiento deportivo. Cada vez son más los equipos y deportistas que incluyen este tipo de intervenciones en sus entrenamientos con resultados muy positivos sobre su rendimiento, su concentración, la regulación de su nivel de activación, y también de sus pensamientos y emociones.

Si deseas más información acerca de este tipo de intervenciones no dudes en consultarme.

[1] El enfoque de 1ª generación corresponde a las intervenciones conductuales, en las que se prestaba muy poca atención a las experiencias internas (pensamientos y emociones).

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