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Confianza incondicional: la verdadera confianza

Confianza incondicional: la verdadera confianza

Quizá antes de una competición te preguntes si tu confianza es alta o baja. Pero en el caso de que tu confianza sea alta, ¿te has preguntado si esa confianza, además, es incondicional?

A menudo se habla de confianza en términos cuantitativos (Este jugador tiene mucha confianza; a este otro le falta confianza, etc..). Se nos dice que si intentamos algo con poca confianza nos enfrentamos a un fracaso casi seguro porque la falta de confianza va ligada a inseguridad, miedo al fracaso, pensamientos negativos… En definitiva, señales de alarma a las que nuestro cuerpo y nuestro cerebro responden provocando un tensión y dificultades en la focalización de la atención. Se nos dice que, si nuestra confianza está ajustada a nuestro nivel de rendimiento, incluso es un poco mayor, entonces estamos preparados para dar lo mejor de nosotros mismos. Sin embargo, si nuestra confianza es demasiado alta, quizá estemos subestimando al rival o quizá no lo demos todo porque pensemos que no es suficiente. En este caso nuestro rendimiento será inferior a lo que podríamos hacer.

Así pues, se nos ha enseñado a que hay que afrontar los partidos y competiciones con una confianza alta, pero sin pasarnos.

Pero podemos hablar de confianza también en términos cualitativos, y así lo hace Joseph Parent en su libro Zen Golf: Mastering the mental game. Habla de 3 tipos de confianza: Falsa confianza, confianza condicional y confianza incondicional.

La falsa confianza es una confianza más aparente que real, quizá porque estemos tratando de impresionar a los demás, o de esconder la falta de confianza que realmente tenemos. De cualquier forma, su efecto es contraproducente porque puede hacer que asumamos riesgos innecesarios, o que estemos más pendientes de lo que aparentamos que de la tarea que tenemos entre manos.

La confianza condicional depende de los resultados. Si los resultados son buenos, entonces tenemos confianza para seguir actuando bien. Pero si los resultados no son buenos, entonces dudamos de nuestra capacidad para afrontar las siguientes ejecuciones.

La confianza incondicional surge de tener presente nuestro potencial independientemente de los resultados. En una competición o partido, en el que un deportista lucha por una marca o por un resultado, la confianza incondicional no significa “creer que VOY a lograrlo”, sino “creer que PUEDO lograrlo”. Requiere tener una perspectiva más amplia, y no mirar sólo a la acción que acabamos de realizar, sino a todo el camino que ya hemos recorrido y todo el que nos queda por recorrer. Desde esta perspectiva, es más fácil asumir cualquier error sin que éste socave nuestra confianza. Los errores y los fracasos se consideran una parte más del camino del éxito. Y como una parte necesaria, porque contienen información acerca de qué es aquello que debemos mejorar o en lo que nos debemos esforzar más.

Esta es la confianza que nos da más garantías de afrontar las competiciones de la mejor manera. Esta es la confianza que cualquier entrenador o profesor debería promover en sus deportistas y alumnos. Esta es la confianza que cualquier deportista debe cultivar, cuidar y proteger en sí mismo.

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